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Introducción.
Hablar de la Iglesia es entrar en la historia, en donde encontraremos las huellas del pueblo de Dios, y sí descubrir su existencia y veracidad; la cual veremos a través de las Sagradas Escrituras.

Nuestro Señor Jesucristo inició
la edificación de la iglesia en el año 26 de nuestra era cuando fue bautizado, según leemos en Lucas  3:21-23; "Y aconteció que, como todo el pueblo se bautizaba, Jesús también fue bautizado; y orando, el cielo se abrió y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y fue hecha una voz del cielo que decía: Tú eres mi hijo amado, en ti me he complacido. Y el mismo Jesús comenzaba a ser como de treinta años, hijo de José, como se creía; que fue hjo de Eli".

El Señor Jesucristo ya bautizado y lleno del Espíritu Santo da inicio a su ministerio. “Y diciendo: el tiempo es cumplido, y el reino de Dios está cerca: arrepentíos, y creed al evangelio”. Marcos 1:15.

Simultáneamente a la predicación Jesús llamó a doce hombres para que estuviesen con Él para instruirlos y después enviarlos a predicar (Marcos 3:13 y 14), y después los llamo apóstoles (Lucas 6:13).

Posteriormente designó el Señor otros setenta, los cuales envió de dos en dos delante de sí a toda ciudad y lugar a donde Él había de ir (Lucas 10:1)

Así es como el Señor Jesús inició la edificación de la Iglesia utilizando tres años y medio; ya que estando Él en la cruz dijo: “Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza dio el espíritu” (Juan 19:30). Así terminaba su obra redentora y dejaba establecida su Iglesia en el año 30 de nuestra era.

Pero faltaba algo muy importante, como leemos en Lucas: “Y he aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros: mas vosotros asentad en la ciudad de Jerusalem, hasta que seáis investidos de potencia de lo alto” (24:49).

Era necesario que la Iglesia recibiera este poder porque sin Él no podría marchar predicando el evangelio. Y así llegó el día de Pentecostés, en que el Señor cumpliría su promesa, haciendo que el Espíritu Santo diera poder a la Iglesia. “Y hecho este estruendo, juntóse la multitud; y estaban confusos, porque cada uno le oía hablar su propia lengua. Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: He aquí ¿no son Galileos todos estos que hablan?” . Hechos 2:6-7.

Es evidente que en esta forma recibieron poder (virtud). Así quedaba la Iglesia confirmada y preparada para la predicación del evangelio.

Recordad las palabras del Señor Jesús: “...Y sobre esta piedra edificare mi Iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”. Mateo 16:18. Piedra traducida del griego
“Petra” significa Roca. Infierno traducido del griego “Hades” significa Tumba o Muerte.

Evidentemente encontramos que esta Piedra o Roca es Dios; “Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo” Efesios 2:20. El fundamento de los apóstoles y profetas es Dios nuestro Padre. El fundador es nuestro Señor Jesucristo, quien también es la piedra angular de la Iglesia.

Así, la Iglesia esta fundada sobre el Omnipotente, y el Viviente por los siglos dejaba palabras alentadoras para sus fieles seguidores, cuando les dijo: “Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” Mateo 16:18.

LA IGLESIA NO PUEDE MORIR.

Sí, las puertas de la muerte jamás podrán destruirla. Con esta esperanza la Iglesia vive y se mueve por el poder del Espíritu Santo, y por estas palabras que quitan toda duda de que sea destruída.

La Iglesia ha sido perseguida pero nunca destruída; ha sido herida pero ha sanado; ha caído pero se ha levantado... porque Cristo es la cabeza de este cuerpo (Iglesia) que siempre va delante de nosotros como nuestro guía. ”Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. Mateo 28:20.

Esta es la seguridad y confianza que ha alimentado a la Iglesia: Sentir que algo divino siempre está con nosotros, no importa el lugar o la hora, Él siempre está aquí: “Porque donde estén dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos” Mateo 18:20.

¡Qué palabras tan llenas de seguridad dichas por el Señor Jesucristo para su Iglesia!

Un poco más adelante encontramos la misma promesa en un sentido simbólico: La presencia de Nuestro Señor Jesucristo en la Iglesia: “Y me volví a ver la voz que hablaba conmigo: y vuelto, vi siete candeleros de oro; y en medio de los siete candeleros, uno semejante al Hijo del hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por los pechos con una cinta de oro". Apocalipsis 1:12-13.

Allí estaba la presencia del Señor, como lo muestra Juan y lo predica la Iglesia: “Y en medio de los siete candeleros uno semejante al Hijo del hombre...” , que a través de los siglos se muestra como el Pastor que ha dirigido y seguirá dirigiendo a su Iglesia. “Y el que vivo, y he sido muerto; y he aquí que vivo por siglos de los siglos, Amén...”. Apocalipsis 1:18.

Palabras que aseguran la existencia y presencia del Hijo de Dios en su Iglesia. Siendo que la Iglesia es la creación de Dios y existe como resultado de su amor al enviar a su Hijo Jesucristo a morir por ella.

Así que el propósito de Dios para con la Iglesia es de que sea un instrumento lleno de responsabilidad porque fue la Iglesia quien recibió una enorme comisión de lo alto: “Por tanto, id, y doctrinad a todos los Gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo: Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén”. Mateo 28:19.20.

La Iglesia es una agencia divina que Dios ha puesto en el mundo por medio de la cual los hombres conozcan la verdad y acepten a su Hijo Jesucristo como el único medio de Salvación (Juan 14:6), el cual es la piedra angular de este edificio santo.

Nadie por ignorante o sabio podrá cambiar los principios fundamentales de la existencia de la Iglesia de Dios.

Hoy hemos llegado al siglo XXI, han transcurridos cerca de 2000 años de existencia de la Iglesia, la cual ha
dejado huellas de su existencia en todo el mundo que los hombres han conocido.

La Iglesia seguirá caminando en todo el mundo mientras el Señor no venga.

Por lo tanto, debemos continuar preparándonos porque aún faltan profecías que se tienen que
cumplir y que van dirigidas a la Iglesia de Dios.
                                                                                                                                                                             
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