MARANATHA 31 AÑOS

¿Cómo recibiremos al Señor?


ESTAMOS viviendo tiempos complicados. Al inicio de este año 2020 se avecinaban crisis económicas mundiales, nuestro país no era la excepción y tenía un crecimiento casi nulo. En diciembre de 2019 recibimos noticias desde Wuhan, China de un extraño virus; ese virus (nombrado COVID-19) provocó que en 2020 los hospitales colapsaran y meses después veíamos calles y ciudades vacías. Pensamos que eso no se replicaría en nuestro país, pero sucedió. Hasta hoy ya estamos rondando los 100 000 muertos por COVID-19.

Esta pandemia se ha unido a los otros problemas que padece la humanidad: Dolor, tristeza, zozobra, depresión, frustración, angustia y desesperación. No hay empleo y esto ha aumentado la inseguridad.

El pecado ha crecido prominentemente, No es osado decir que el hombre de hoy es más pecador que los de Sodoma y Gomorra, y cuando se rebasa la medida de la tolerancia de Dios, ya no hay remedio, nuestro Dios tiene que castigar para corregir. “Sin embargo, en una ó en dos maneras habla Dios; mas el hombre no entiende”. Job 33:14.

¿Qué piensa usted de la homosexualidad, del incesto, del aborto y de la promiscuidad sexual? En nuestros días todos estos pecados se han legalizado y la sociedad ha normalizado y aceptado cada uno de ellos.

Regreso del Señor “Sabiendo primero esto, que en los postrimeros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias”. 2ª. de Pedro 3:3.

Pero, ¿sólo se ha corrompido la humanidad? ¡No! La naturaleza también se ha alterado. ¿Es normal que llueva fuera de tiempo, o que haya calor en el invierno, o sequías en el tiempo de lluvias? Estas alteraciones provocan terremotos devastadores, hambres, epidemias, etc.

“Y habrá grandes terremotos, y en varios lugares hambres y pestilencias: y habrá espantos y grandes señales del cielo”. Lucas 21:11.

Estas condiciones prevalecen en el mundo, pero ¿qué pasa con la Iglesia de Dios? ¿Somos semejantes a la iglesia primitiva (Hechos 2:42-47)? Tristemente la respuesta es no.

La iglesia de hoy es una iglesia tibia. “Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí dice el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios: Yo conozco tus obras, que ni eres frío, ni caliente. ¡Ojalá fueses frío, ó caliente! Mas porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa; y no conoces que tú eres un cuitado y miserable y pobre y ciego y desnudo”. Apocalipsis 3:14-17.

“Tibio” es el término intermedio entre lo frío y lo caliente. Dios preferiría que de una vez fuésemos calientes o fríos, pero no ese estado de tibieza que vive la iglesia de este tiempo, el tiempo de Laodicea.

Cualquier cosa o situación nos aleja de Dios. Nuestro Señor Jesucristo enfatiza esta situación en el siguiente mensaje: “Y aconteció que yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré donde quiera que fueres. Y le dijo Jesús: Las zorras tienen cuevas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recline la cabeza. Y dijo á otro: Sígueme. Y él dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre á mi padre. Y Jesús le dijo: Deja los muertos que entierren á sus muertos; y tú, ve, y anuncia el reino de Dios. Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; mas déjame que me despida primero de los que están en mi casa. Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano al arado mira atrás, es apto para el reino de Dios”. Lucas 9:57-62.

Un mensaje claro: Si continuamos siendo tibios no somos aptos para el reino de Dios.

Una condición de indiferencia es el ser medio consagrado, medio mundano, medio obediente, medio rebelde y profano.

Pregúntese: ¿Estaré así en la lista de la iglesia que espera a Jesús en su Venida?

Nuestro Señor Jesucristo nos da los medios para salir de la tibieza y formar parte de su reino.

Leamos Apocalipsis 3:18. “Yo te amonesto que de mí compres oro afinado en fuego, para que seas hecho rico, y seas vestido de vestiduras blancas, para que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas”.

Debemos acercarnos más al Señor, en todo momento Él debe ser parte de nuestra vida.

El Apóstol Pablo nos aconseja así: “Por tanto, no durmamos como los demás; antes velemos y seamos sobrios. Porque los que duermen, de noche duermen; y los que están borrachos, de noche están borrachos. Mas nosotros, que somos del día, estemos sobrios, vestidos de cota de fe y de caridad, y la esperanza de salud por yelmo”. 1ª. Tesalonicenses 5:6-8.

Debemos estar velando, siempre atentos a los acontecimientos que nos rodean, pero sobre todo corrigiendo los errores y fallas personales.

Concluyo con las siguientes palabras del Apóstol Pablo: “Mirad, hermanos, que en ninguno de vosotros haya corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo”. Hebreos 3:12.

 Ministro Israel Hernández Martínez 

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