¿Vale la pena conservar la Virginidad?

primera parte


UNA marca de ropa deportiva tiene como frase publicitaria “Just Do It!”, que significa “Simplemente ¡hazlo!”. Si el joven quiere correr “Simplemente ¡hazlo!”. Si quiere ser una estrella del fútbol “Simplemente ¡hazlo!”.

Pero ¿será siempre bueno este consejo de “Simplemente ¡hazlo!”? Tomemos por ejemplo, el asunto de la sexualidad. En la mayoría de los medios de comunicación abiertamente se nos dice que las relaciones sexuales son para todos, sin restricción alguna. Las películas y los programas de TV normalmente muestran las relaciones ilícitas entre gente soltera como una cosa común, algo que se da por sentado. La letra de muchas canciones que escuchan los niños y jóvenes también transmite el mismo mensaje.

Amor El sexo es un tema candente, y el mensaje es que tener relaciones sexuales con quien sea que uno ame –o que crea amar- es perfectamente aceptable. La idea de que el sexo debe reservarse para el matrimonio es despreciada como una costumbre pasada de moda, una idea de personas religiosas que no saben lo que se están perdiendo. El lema parecer ser “Simplemente ¡hazlo!” cuando se te antoje, y no te preocupes de que estés casado o no.

Si uno pone atención al mundo del espectáculo, puede también tener la impresión de que todo mundo lo está haciendo. Después de todo, los productores de cine afirman que sólo están representando la vida real. Y desgraciadamente, la mayoría de los jóvenes se están tragando tal mentira y se sienten avergonzados de su inexperiencia sexual, de ser aún vírgenes.

Los diccionarios dan como primera acepción de virgen una persona que nunca ha tenido relaciones sexuales. También denota algo que es puro, hermoso, incólume y de la más alta estima.

Sin embargo, un porcentaje cada vez mayor de la sociedad considera la virginidad como algo negativo o pasado de moda.

Joven, ¿crees en Dios? Si es así, tal vez entiendas que Él es quien creó a los seres humanos y, por lo tanto, su sexualidad. En Génesis 1:27 leemos que “crió Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”. Dios diseñó la sexualidad con la intención de que los seres humanos se reprodujeran y poblaran la Tierra.

El libro del Génesis muestra que para la mayoría de las personas en esos primeros tiempos, estaba muy claro que el tener relaciones sexuales con alguien que no fuera su cónyuge era algo ilícito. Cuando Dios escribió su Ley en tablas de piedra para Israel, incluyó un mandato que prohíbe las relaciones sexuales fuera del matrimonio. Este es el séptimo de los Diez Mandamientos (Éxodo 20:14; Deuteronomio 5:18)

En el Sermón del Monte, Jesús enseñó que uno no tiene que cometer el acto mismo para ser culpable de adulterio. Todo lo que tiene que hacer es mirar a alguien con codicia, deseando tener relaciones sexuales con tal persona, y ya habrá quebrantado el espíritu de ese mandamiento divino (Mateo 5:27-28) Nuestra sociedad occidental ha sobrepasado todos los límites de simplemente mirar, pues tolera, fomenta y exhibe toda clase de actividad sexual ilícita y perversa.

Es muy natural preguntarse por qué Dios dio instrucciones tan estrictas sobre la sexualidad si él mismo la diseñó. Y si la ideó y creó, entonces con seguridad sabe lo agradable que puede ser ¿Por qué, entonces, la limita exclusivamente al matrimonio? Examinemos dos pasajes bíblicos que tienen que ver con este tema.

En Proverbios 6:32 leemos: “Mas el que comete adulterio con la mujer, es falto de entendimiento: corrompe su alma el que tal hace”.

Esas son palabras bastante fuertes acerca de las verdaderas consecuencias de las relaciones sexuales fuera del matrimonio.

Notemos que esta enseñanza divina no ha cambiado en el Nuevo Testamento. En 1ª. a los Corintios 6:18 al 20 el apóstol Pablo nos dice: “Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre hiciere, fuera del cuerpo es; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca. ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque comprados sois por precio: glorificad pues á Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”.

Ambos pasajes indican que los pecados sexuales tienen consecuencias negativas. Nos muestran la razón detrás de las instrucciones que Dios nos da cuanto al sexo. Él solo quiere lo mejor para nosotros, y las relaciones sexuales fuera del matrimonio acarrean malos resultados.

 Ministro Israel Hernández Martínez 

    maranatha                                                                                             edición anterior