"No os entristezcáis..."


NOS ha tocado padecer una pandemia. El mundo interconectado nos falló. Un virus que surgió en China en semanas se esparció por todo el mundo, trayendo encierro y lo peor de todo: muerte.

Ni los gobiernos ni la sociedad han podido detener los contagios y muertes por COVID-19. Mientras algunos no creen en el coronavirus, la curva de contagios no disminuye.

Tamaulipas está en semáforo rojo por contagios y muertes. Hasta el día de ayer había 16 673 contagiados, de los cuales 9 359 se han recuperado y 999 muertos. Esta semana vimos fotografías de cómo los cadáveres se amontonan en la sala audiovisual del IMSS de nuestra localidad al no haber cupo en la morgue. Las agencias funerarias también se han visto rebasadas. Cada vez más personas cercanas a nosotros se han infectado, y algunas ya han muerto. ¿Qué nos resta a nosotros?

Primeramente orar, confiar en nuestro Dios para que él nos proteja de esta pandemia. “El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo á Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en él confiaré”. Salmo 91:1 y 2.

En segundo lugar, obedecer los lineamientos de salud decretados por las autoridades. “Recuérdales que estén sujetos a los gobernantes, a las autoridades; que sean obedientes, que estén preparados para toda buena obra”. Tito 3:1. Nueva Biblia de las Américas. Esto implica el quedarse en casa, lavarse continuamente las manos y el uso del cubrebocas.

cementerio Pero a pesar de cumplir con todo ello, tal vez nos infectemos. ¿Cómo vamos a reaccionar?

Tenemos que comprender que Dios actúa de formas incomprensibles para nuestra mente.

“¡Ay del que pleitea con su Hacedor! ¡el tiesto con los tiestos de la tierra! ¿Dirá el barro al que lo labra: Qué haces; ó tu obra: No tiene manos?”. Isaías 45:9.

Leamos en la Traducción en Lenguaje Actual para una mayor comprensión: “Dios dijo: «El barro no le dice al alfarero: “¿Qué estás haciendo?”, ni la vasija lo critica, diciendo: “Tú no sabes trabajar”.

Así es hermanos, aunque nos sea difícil debemos aceptar la voluntad de nuestro Hacedor.

Recordemos la vida de Job, quien padeció muchas cosas, ¿pero cuál fue su pensamiento? “…Jehová dió, y Jehová quitó: sea el nombre de Jehová bendito”. Job 1:21.

Cada uno de nosotros debemos estar preparados por si llega el momento de contagiarnos, no perder nuestra fe, seguir confiando en nuestro Hacedor.

Y tal vez ese contagio nos lleve a la muerte, como ha sucedido ya con muchos hermanos de nuestra fe. ¿Estamos preparados para ello?

El Apóstol Pablo nos dice lo siguiente: “Tampoco, hermanos, queremos que ignoréis acerca de los que duermen, que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza”. 1ª. a los Tesalonicenses 4:13.

Así es hermanos, nosotros tenemos una esperanza: La Resurrección, así que no debemos entristecernos como los demás. Si nos llega la muerte tengamos fe en que nuestro Dios nos levantará del sepulcro; y si alguno de nuestros seres queridos o hermanos en la fe muere, no nos entristezcamos. Porque de esta forma mostramos nuestra fe: “Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con él á los que durmieron en Jesús”. Versículo 14.

Además, nosotros sabemos que la muerte es sólo un sueño, un descanso. “Dicho esto, díceles después: Lázaro nuestro amigo duerme; mas voy á despertarle del sueño. Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme, salvo estará. Mas esto decía Jesús de la muerte de él: y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño. Entonces, pues, Jesús les dijo claramente: Lázaro es muerto”. Juan 11:11-14.

Hermanos, estamos viviendo tiempos muy difíciles, pero usted confíe en el Señor quien estará con usted en la vida y aún en la muerte.

“Por tanto, consolaos los unos á los otros en estas palabras”. 1ª. a los Tesalonicenses 4:18.

 Ministro Israel Hernández Martínez 

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