¿Está dispuesto a cambiar?

primera parte


¿LE gustaría darle un cambio a su vida? ¿Se siente usted realmente a gusto con su forma de ser, sus sentimientos o su forma de pensar? ¿Se siente satisfecho con las relaciones que tiene? ¿Desearía cambiar algún aspecto de su vida?

Si su respuesta es SI, hay una infinidad de consejos en libros, revistas, internet y en seminarios, promocionando infinidad de cosas que prometen ayudarnos a mejorar las relaciones, curar enfermedades, superar el pecado o cualquier cosa que no nos agrade de nosotros.

Es importante reconocer que Dios nos creó con autoconciencia y una capacidad innata para cambiar. Los seres humanos tenemos la capacidad de modificar nuestra forma de ser.

cambio Cambiar no es fácil. Muchos no cambiarán aunque estén plenamente conscientes de que un cambio les ayudaría a verse y sentirse mejor. Y para los que hacen un esfuerzo por lograrlo, el cambio a menudo se produce entre intervalos de fuerza de voluntad y mediante técnicas de creación de hábitos que por lo general duran poco.

Nuestro Creador nos ha dotado con la capacidad innata de cambiar, y nos ofrece ayuda para un cambio mucho más efectivo y que nos puede llevar a un nivel superior de existencia. Esto ocurre a través de la “conversión”, uno de los sinónimos de “cambió”, a una nueva forma de vida, que es mucho más que la simple superación de malos hábitos.

La intención de Dios al crearnos fue elevarnos a un nivel superior de vida que, a medida que cambiamos nuestras actitudes y comportamiento, es solo el comienzo de una existencia eterna a su lado. Él nos ofrece ayuda a través del poder de su Espíritu Santo para vencer, otro sinónimo de cambio. El cambio definitivo tendrá lugar cuando finalmente Dios nos transforme de esta existencia temporal a una existencia eterna. De hecho, estas son las buenas nuevas que Jesucristo predicó.

Jesús dio inicio a su ministerio con esta importante declaración: “El tiempo es cumplido, y el reino de Dios está cerca: Arrepentíos y creed al evangelio”. Marcos 1:15.

El arrepentimiento, otro sinónimo de cambio, se menciona en este versículo antes de creer y tener fe. Así el primer mandato de Cristo es a cambiar, a dar un vuelco completo en nuestro camino contario a Dios y después, comenzar a seguirlo.

Lo mismo ocurrió cuando comenzó la Iglesia de Dios en el día de Pentecostés en Jerusalem, después que Cristo ascendió al cielo.

Después del contundente sermón del apóstol Pedro aquel día, cuando habló de Jesús, su vida, misión, muerte y resurrección, la atenta multitud “fueron compungidos de corazón, y dijeron á Pedro y á los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Y Pedro les dice: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”. Hechos 2:37-38.

La primera instrucción de la iglesia del Nuevo Testamento fue un llamado al cambio que conduce al bautismo, y a una nueva forma de vida. Poco después, Pedro volvió a proclamar: “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados…”. Hechos 3:19.

 Ministro Israel Hernández Martínez 


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