Quitad la soberbia


DEFINICIÓN de soberbia.- Proviene del latín superbia y es un sentimiento de valoración de uno mismo por encima de los demás, sobrevaloración del yo respecto de otros, es un sentimiento de superioridad que lleva a presumir de las cualidades o de las ideas propias y menospreciar las ajenas. | significados.com.

“Dos hombres subieron al templo á orar: el uno Fariseo, el otro publicano. El Fariseo, en pie, oraba consigo de esta manera: Dios, te doy gracias, que no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces á la semana, doy diezmos de todo lo que poseo. Mas el publicano estando lejos no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que hería su pecho, diciendo: Dios, sé propicio á mí pecador”. Lucas 18:10-13.

la soberbia El fariseo era un hombre respetado por sus conocimientos, eran hombres considerados como los más ortodoxos en la interpretación de la ley (rectos en doctrina, conservadores); eran celosos de guardar y hacer guardar la ley. Había como 6 mil fariseos en la época de Jesús. Su fama y reputación eran muy apreciadas hasta antes de la aparición de Jesús, quien fue el que los exhibió públicamente por su hipocresía.

El publicano era un hombre totalmente opuesto al fariseo. Como se les acusaba de traicionar al pueblo judío por recaudar impuestos para entregarlos al imperio de Roma se encontraban en el último lugar de popularidad y junto con los gentiles eran de las personas más repudiadas en la sociedad, pues eran extorsionadores, y se aprovechaban de su puesto para exigir más dinero.

La parábola del fariseo y el publicano nos enseña a no creerse mejor que los demás, tal cual pasa con el fariseo que dice que no quiere ser como el publicano, además de referirse a todas esas cosas que hace supuestamente para estar limpio de pecado ante Dios.

Muchas veces nuestro corazón se llena de soberbia, sintiéndonos superiores a los demás; tal vez porque somos profesionistas o porque tenemos un buen trabajo con excelente salario, tenemos una buena casa, o un lindo automóvil, o tenemos algún don al tocar un instrumento musical, o nos jactamos de cantar alabanzas mejor que otros hermanos.

Olvidamos por completo que Dios nos ha dado esos dones y esas bendiciones, no para que humillemos a los demás, sino para que tengamos mejor vida.

Pero desafortunadamente llega la soberbia y pensamos que no necesitamos de nadie, que lo que tenemos lo hemos logrado con nuestro propio esfuerzo y esto hace que discutamos y nos enemistemos con las personas que nos rodean: Con nuestro padre, madre y hermanos.

El orgullo nos hace olvidarnos inclusive de nuestro Dios. Pues la soberbia no nos permite tener el pensamiento de ser menos que nadie y menospreciamos a los demás, olvidamos las palabras del Señor cuando dice: “Porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será ensalzado”. Lucas 14:11.

Entonces busquemos la sabiduría para que podamos llevar bien nuestra vida. “Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que sois llamados; con toda humildad y mansedumbre, con paciencia soportando los unos á los otros en amor”. Efesios 4:1, 2. Evitemos ser como el fariseo, donde predomina su ego, más bien procuremos ser como el publicano para que seamos enaltecidos, porque la altivez, el orgullo y la soberbia ante los ojos de Dios también son pecados.

No olvidemos que gran galardón nos espera.

Entonces tomemos el yelmo de salud y la espada del espíritu que es la Palabra de Dios. Orando en todo tiempo.

“La soberbia del hombre le abate; pero al humilde de espíritu sustenta la honra”. Proverbios 29:23.

 Hermana María F. Castillo Cruz 

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