¿Van al cielo las personas que mueren?


LA creencia del cristianismo tradicional es que la gente buena va al cielo inmediatamente después de morir. Muchos pintores muestran que sobre la entrada del cielo hay un arcoíris, y con frecuencia hay un puente de oro o de cristal frente a la entrada. San Pedro es representado generalmente como el portero. Los moradores están acompañados por ángeles, cada uno con su par de alas.

Otra idea muy popular es que los moradores del cielo caminan entre nubes tocando arpas. Estas ideas representan la visión de algunos, pero ¿qué dice la Biblia al respecto? ¿Acaso las Escrituras nos dicen que las personas justas van al cielo después de morir?

David, rey de Israel y autor de muchos de los Salmos, a quien Dios llamó “varón conforme a mi corazón” (Hechos 13:22), no fue al cielo después de morir. Hablando por inspiración de Dios, el apóstol Pedro declaró: “Varones hermanos, se os puede libremente decir del patriarca David, que murió, y fué sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta del día de hoy”. Hechos 2:29. Después añadió que “David no subió a los cielos”. (Versículo 34)

David está incluido en Hebreos 11:32 entre aquellos que murieron en la fe, y en el versículo 39 es uno de aquellos de los que se dijo: “Y todos éstos, aprobados por testimonio de la fe, no recibieron la promesa”.

El Cielo Jesús, hablando cerca de mil años después de la muerte de David, dijo: “Y nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre, que está en el cielo”. Juan 3:13.

Esto quiere decir que Abraham, Moisés, los profetas y demás hombres y mujeres justos que vivieron antes de Jesucristo, no fueron al cielo. Simplemente fueron enterrados al igual que David.

Por extraño que parezca, la idea tan generalizada de que el alma de la persona va al cielo después de morir, aunque es sostenida muy sinceramente por muchas personas, no se encuentra en la Biblia. Es el resultado de una interpretación errónea de las Escrituras y de la confusión acerca de lo que la Biblia enseña acerca de la resurrección de los muertos.

En general, las iglesias reconocen que la Biblia habla acerca de la resurrección, aunque no están muy seguros acerca de lo que esto significa o cuándo va a ocurrir.

La idea más común es que en la resurrección, el cuerpo es resucitado para que pueda reunirse con el alma en el cielo. Pero la realidad es que el concepto de la inmortalidad del alma –el alma que existe aparte del cuerpo- tiene sus orígenes en la filosofía griega, no en los escritos de la Biblia.

Podemos hacernos esta pregunta: Si fuera cierto que en la resurrección el cuerpo es levantado para reunirse con el alma en el cielo, ¿qué caso tendría que hubiera resurrección? ¿Para qué guardar el cuerpo en la tumba? Si al morir el justo asciende inmediatamente al cielo, ¿por qué Dios no envía todo el ser –cuerpo y alma- simultáneamente, en lugar de mantener el cuerpo y el alma separados durante muchos siglos?

Si las almas se van al cielo inmediatamente después de la muerte, ¿qué necesidad habría de volver los cuerpos a la vida? El hecho ineludible es que, según la creencia popular acerca del cielo y el alma, no hay ningún motivo lógico para la resurrección.

¿Por qué existe confusión acerca de cómo encaja la resurrección con la idea más comúnmente aceptada del cielo? Porque en la Biblia no encontramos respaldo para la idea de que después de morir vamos al cielo.

Jesús predicó durante tres años y medio, y durante ese tiempo no les prometió a sus seguidores ir al cielo. Después de su resurrección él estuvo cuarenta días instruyéndoles acerca del Reino de Dios. “A los cuales, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoles por cuarenta días, y hablándoles del reino de Dios”. Hechos 1:3. Y posteriormente subió a su Padre al cielo.

Veamos la instrucción que recibieron sus discípulos después que él ascendió al cielo: “Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fué alzado; y una nube le recibió y le quitó de sus ojos. Y estando con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él iba, he aquí dos varones se pusieron junto á ellos en vestidos blancos; los cuales también les dijeron: Varones Galileos, ¿qué estáis mirando al cielo? este mismo Jesús que ha sido tomado desde vosotros arriba en el cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo”. Hechos 1:9-11.

Jesús habló en repetidas ocasiones de su regreso para establecer el Reino de Dios aquí en la Tierra:

“Y cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria. Y serán reunidas delante de él todas las gentes: y los apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas á su derecha, y los cabritos á la izquierda. Entonces el Rey dirá á los que estarán á su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”. Mateo 25:31-34.

“Y entonces verán al Hijo del hombre, que vendrá en una nube con potestad y majestad grande. Y cuando estas cosas comenzaren á hacerse, mirad, y levantad vuestras cabezas, porque vuestra redención está cerca. Y díjoles una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles: Cuando ya brotan, viéndolo, de vosotros mismos entendéis que el verano está ya cerca. Así también vosotros, cuando viereis hacerse estas cosas, entended que está cerca el reino de Dios”. Lucas 21:27-31.

Jesús regresará a la Tierra y establecerá su Reino aquí, no en el cielo.

En lo que se conoce comúnmente como la oración del Padre nuestro, Jesús instruyó a sus discípulos a orar así a su Padre celestial: “Venga tu reino” (Mateo 6:10; Lucas 11:2) Este reino es una meta tan real que todo cristiano debe orar porque venga pronto.

En Lucas 19:11 al 27 se encuentra la “Parábola de las Diez Minas”; en ella Jesús habló acerca de sí mismo y se comparó a “Un hombre noble que partió á una provincia lejos, para tomar para sí un reino, y volver”. Esta “provincia lejana” es el lugar donde reside su Padre, y se encuentra en el cielo. Jesús va a traer el Reino de Dios a la Tierra cuando regrese.

Una profecía del Antiguo Testamento nos indica claramente el lugar al cual va a regresar para establecer su Reino: “Y afirmaránse sus pies en aquel día sobre el monte de las Olivas, que está en frente de Jerusalem á la parte de oriente… Y Jehová será rey sobre toda la tierra”.I> Zacarías 14:4,9.

En Hechos 1:12 encontramos que Jesús ascendió al cielo desde el monte de las Olivas, y a ese mismo monte regresará para iniciar su reinado.

La recompensa de los santos es la vida eterna en el Reino de Dios. La recibirán cuando Cristo regrese, pero la Biblia muestra que reinarán con él en la Tierra y no en el cielo.

 Ministro Israel Hernández Martínez 

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