Iglesia de Dios Tampico


"Y sabemos que a los que á Dios aman, todas las cosas les ayudan á bien, es á saber, á los que conforme al propósito son llamados. Porque á los que antes conoció, también predestinó para que fuesen hechos conformes á la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos; y á los que predestinó, á éstos también llamó; y á los que llamó, á éstos también justificó; y á los que justificó, á éstos también glorificó”. Romanos 8:28-30.

Esto es lo escrito por el Apóstol Pablo para cada uno de nosotros que hemos sido llamados de las tinieblas a la luz. A usted y a mí que hemos sido escogidos por nuestro Dios para formar parte de su pueblo.

Nuestro Señor Jesucristo nos dirige estas palabras: “Estas cosas os he hablado, para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción: mas confiad, yo he vencido al mundo”. Juan 16:33.

Cuando Jesucristo fue aprendido, recibió burlas, azotes, humillaciones, y finalmente fue crucificado. Sin embargo, Él tenía la plena confianza de que saldría vencedor.

La victoria la obtuvo por su gran fe. Y fue obediente hasta la muerte. “Y hallado en la condición como hombre, se humilló á sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. Filipenses 2:8.

Así, todos los que vivimos en Cristo y nos hemos entregado a Él, naciendo de nuevo, de forma espiritual, debemos también ser victoriosos. Cristo nos da el poder para ser ¡Vencedores!

La batalla muchas veces es muy difícil, pero nosotros debemos confiar en Jesús cuando nos enfrentemos a Satanás.

Recordemos que Jesús venció a sus detractores quienes siguiendo sus pensamientos de continuo solamente al mal, lo crucificaron y ahí mismo, en el sepulcro, se levantó de entre los muertos, resucitando y venciendo a la muerte después de tres días y tres noches. Jesús obtuvo la victoria.

“Y como vinieron al lugar que se llama de la Calavera, le crucificaron allí, y á los malhechores, uno á la derecha, y otro á la izquierda. Y Jesús decía: Padre, perdónalos , porque no saben lo que hacen. Y partiendo sus vestidos, echaron suertes. Y el pueblo estaba mirando; y se burlaban de él los príncipes con ellos, diciendo: A otros hizo salvos: sálvese á sí, si éste es el Mesías, el escogido de Dios. Escarnecían de él también los soldados, llegándose y presentándole vinagre, y diciendo: Si tú eres el Rey de los Judíos, sálvate á ti mismo”. Lucas 23:34-37.

Debemos vencer nuestro carácter, nuestra lengua, el celo, la envidia, la mala voluntad, la ira, la soberbia, los pleitos, las murmuraciones, los deseos perversos, el orgullo, y toda obra de la carne que nos incite al pecado. Cada una de estas cosas deben ser quitadas de nosotros.

“Por lo cual, dejada la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros. Airaos, y no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo; ni deis lugar al diablo. El que hurtaba, no hurte más; antes trabaje, obrando con sus manos lo que es bueno, para que tenga de qué dar al que padeciere necesidad. Ninguna palabra torpe salga de vuestra boca, sino la que sea buena para edificación, para que dé gracia á los oyentes”. Efesios 4:25-29.

Todo lo podremos lograr si confiamos en Cristo Jesús.

Por muy difícil que sea la batalla, si Cristo intercede por nosotros al Padre, Él nos librará de lo que seamos tentados. “No os ha tomado tentación, sino humana: mas fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis llevar; antes dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis aguantar”. 1ª. a los Corintios 10:13.

Diariamente tenemos batallas, pero teniendo firme nuestra fe y confianza en Dios y su hijo Jesucristo, finalmente saldremos vencedores; obteniendo la victoria y recibiendo la corona de la vida eterna.

“He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo á mí, sino también á todos los que aman su venida”. 2ª. Timoteo 4: 7 y 8.

 Hermana María F. Castillo Cruz 

    edición actual