El Conflicto Árabe-Israelí

Por: Ministro Abraham Hernández



La historia desde un principio señala el origen de estos dos pueblos a través de aquella mujer llamada Rebeca cuyo esposo era Isaac. Se habla de que ella era estéril pero que Isaac oró a Jehová y fue escuchado su ruego, ya que de ellos seguiría esa simiente bendita (o pueblo de Dios).

Pero algo insólito pasaba en el vientre de Rebeca como leemos en Génesis 25:21-23; “Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y aceptólo Jehová y concibió Rebeca su mujer. Y los hijos se combatían dentro de ella; y dijo: Si es así ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar a Jehová. Y respondióle Jehová: Dos gentes hay en tu seno, y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas: y el un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, y el mayor servirá al menor”.

Esta era la situación de estos hijos que desde el vientre de la madre ya combatían; por eso Rebeca al sentir esta situación fue a consultar a Jehová y allí escucha que estos dos hijos serían dos pueblos, pero que el mayor serviría al menor.

Al paso de los años nos señala la palabra de Dios que Esaú fue diestro en la caza y que Jacob era varón quieto que habitaba en tiendas, pero también encontramos que Isaac amó más a Esaú como Rebeca a Jacob (Génesis 25:28-29).

Ellos crecieron juntos, pero llegó un día en que Esaú salió a cazar pero no encontró nada y le pidió a Jacob que le diera de lo que había guisado. Fue entonces que Jacob le dijo: “Véndeme tu primogenitura”, y Esaú se la vendió por un plato de lentejas.

Otra vez encontramos la voz profética de Dios, cuando Jacob usurpa a su hermano y recibe la primera bendición de su padre Isaac (que le correspondía a Esaú): “Y díjole Isaac su padre: acércate ahora, y bésame, hijo mío. Y él se llegó, y le besó; y olió Isaac el olor de sus vestidos, y le bendijo, y dijo: Mira, el olor de mi hijo como el olor del campo que Jehová ha bendecido: Dios, pues, te dé el rocío del cielo, y de las grosuras de la tierra, y abundancia de trigo y de mosto. Sírvante pueblos, y naciones se inclinen a ti: Sé señor de tus hermanos, e inclínense a ti los hijos de tu mano: malditos los que te maldijeren, y benditos los que te bendijeren”. (Génesis 27:26-29).

En esta bendición que recibe Jacob notamos que Dios manifiesta sus bendiciones y también su poder al señalar que las naciones tendrían que servirle como su hermano Esaú.

Y a Esaú también se le dió su bendición pero en ella iba la sentencia: “Y por tu espada vivirás, y a tu hermano servirás...” (Génesis 27:40).

Al llegar el tiempo Jacob (Israel) se convirtió en una nación, y en el año 1491 a.C. salen de la tierra de Egipto al frente de aquel caudillo llamado Moisés, y después de cuarenta años (1451) entran a la tierra prometida al mando de Josué. Y así la tierra les es repartida al pueblo de Israel por sus tribus; los cuales estuvieron cerca de novecientos años poseyéndola. Y después de ello fueron llevados cautivos por Babilonia durante setenta años.

Pero Dios les había dicho: “Si hubieres sido arrojado hasta el cabo de los cielos, de allí te recogerá Jehová tu Dios, y de allá te tomará: Y volverte ha Jehová tu Dios a la tierra que heredaron tus padres, y la poseerás; y te hará bien, y te multiplicará más que a tus padres”. (Deuteronomio 30:4-5).

Después de ese tiempo Dios los retornó a su tierra, Jerusalem. Pero ya no tuvieron rey ni sus ceremonias fueron permanentes. Y empezó la lucha por restaurar el templo y la ciudad.

Leyendo Nehemías capítulo 4 encontramos que daba inicio la guerra en contra de Israel porque no querían que estuviera en su tierra, y algunos pueblos se unieron para impedirlo, pero Dios estaba con ellos.

Sin embargo, faltaban muchos sucesos por acontecer al pueblo de Israel. Como fueron los reinados de Media-Persia, Grecia y Roma, los cuales los llevarían cautivos o estarían subyugados por estas naciones.

Y fue así como este pueblo a través de los años se esparció por todos los lugares. Cuando Jesús vino, Israel estaba subyugado por el Imperio Romano. Y aún le esperaba otro sismo que lo llevaría a todas las naciones, de acuerdo a la profecía de Jesús: “Y salido Jesús, íbase del templo; y se llegaron sus discípulos, para mostrarle los edificios del templo. Y respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no será dejada aquí piedra sobre piedra, que no sea destruída”. (Mateo 24:1-2). Esto ocurre en el año 70 d.C.

Pero la voz profética estaba permanente, aunque tuvieron que pasar cerca de 1500 años para que se cumpliera la palabra dada a Isaías: ”Y acontecerá en aquel día, que herirá Jehová desde el álveo del río hasta el torrente de Egipto, y vosotros, hijos de Israel, seréis reunidos uno a uno”. (Isaías 27:12).

Y así llega el año de 1911, y empiezan a arribar grandes grupos de judíos a su tierra. “Y tornaré el cautiverio de mi pueblo Israel, y edificarán ellos las ciudades asoladas, y las habitarán; y plantarán viñas, y beberán el vino de ellas; y harán huertos, y comerán el fruto de ellos. Pues los plantaré sobre su tierra, y nunca más serán arrancados de su tierra que yo les dí, ha dicho Jehová Dios tuyo”. (Amós 9:14-15).

Fue así como los judíos retornaban, pero su tierra (Israel) estaba bajo el gobierno Turco. Pero ya para el año 1917, el ejercito británico había logrado la victoria sobre los turcos, y sobre Jerusalem que estaba bajo el poder musulmán. Esto fue al mando del Mariscal Allenby.

ISRAEL COMO ESTADO.

Así llegó al fin el momento de reunir al pueblo judío como una nación. En 1947 las Naciones Unidas vieron necesario dividir Palestina para dar a los Arabes la parte Oriental y la parte Occidental a Israel. Y el día 14 de mayo de 1948 en Tel Aviv, fue declarado el Estado de Israel.

De esta forma llegó el cumplimiento de esta gran profecía que había sido dada en el año 587 a.C. a Ezequiel: ”Y les dirás: Así ha dicho el señor Jehová: He aquí, yo tomo a los hijos de Israel de entre las gentes a las cuales fueron, y los juntaré de todas partes, y los traeré a su tierra: y los haré una nación en la tierra, en los montes de Israel; y un rey será a todos ellos por rey: y nunca más serán dos naciones, ni nunca más serán divididos en dos reinos”. (capítulo 37:21-22).

Sin embargo, dieron inicio las guerras que tendría Israel con sus enemigos los árabes (Esaú), por esas tierras que Israel ocuparía desde ese momento.

Pero aquí daba un cambio la profecía a favor de Israel, ya que a partir de 1948 Dios estaría al frente de ellos para guardarlos y protegerlos de los árabes (Esaú). Así lo indica Zacarías 12:1 y 2. Notemos esto: “... He aquí, yo pongo a Jerusalem por vaso de temblor a todos los pueblos de alrededor cuando estén en el sitio contra Judá (judíos) y Jerusalem”.

Así llegaba el primer enfrentamiento para el pueblo judío en la Guerra de Independencia, que dió inicio el 15 de mayo de 1948 y finalizó el día 7 de enero de 1949; donde cinco países árabes atacaron a Israel, pero Israel salió triunfante gracias a la intervención de Dios.

A continuación pondremos una gráfica de las guerras que han librado Israel y los árabes, pero lo sorprendente es que en todas ha salido triunfante Israel.

LAS GUERRAS DE ISRAEL DESDE 1948.

Guerra de Independencia
15 de mayo 1948 - 7 de enero 1949
cinco países árabes opuestos a la
partición de Palestina atacan a Israel

Guerra de Suez
Octubre - Noviembre 1956
Israel ataca Egipto después de la
nacionalización del Canal de Suez
y ocupa la franja de Suez y el Sinaí

Guerra de los Seis Días
5 - 10 de junio 1967
Israel ocupa Jerusalén Este, Cisjordania,
La Franja de Gaza, el Sinaí y el Golán

Guerra del Yom Kippur
6 -25 de octubre 1973
Egipto y Siria atacan respectivamente
en el Sinaí y el Golán


Pero la que acaparó la atención mundial fue la que se realizó del 5 al 10 de junio de 1967, conocida como la “Guerra de los Seis Días”. Donde millares de árabes por la mañana del 5 de junio atacaron al pueblo de Israel, lidereados por el presidente egipcio Nasser, cuyo objetivo era la destrucción total del pueblo judío.

Durante estos seis días la gloria de Dios se manifestó, como lo describe el profeta Isaías 54:17; “Toda herramienta que fuere fabricada contra ti, no prosperará...”

Así es como Dios protegió y guardó al pueblo de Israel. Los árabes comentan que al estar atacando a los aviones israelíes, ellos veían ángeles en vez de a los judíos. Y esto manifiesta el cuidado que Dios tiene de ellos como lo señala su palabra: “En aquel día Jehová defenderá al morador de Jerusalem: y el que entre ellos fuere flaco, en aquel tiempo será como David; y la casa de David como ÁNGELES, como el ángel de Jehová delante de ellos”. (Zacarías 12:8).

Sin embargo estas guerras árabes-israelíes seguirán dándose por cualquier motivo, porque está escrito en el Salmo 83:3-6; “Sobre tu pueblo han consultado astuta y secretamente, y han entrado en consejo contra tus escondidos. Han dicho: Venid, y cortémoslos de ser pueblo, y no haya más memoria del nombre de Israel. Por esto han conspirado de corazón a una, contra ti han hecho liga; los pabellones de los Idumeos y de los Ismaelitas, Moab y los Agarenos”

Es así como hoy llega a su cumplimiento esta profecía: “He aquí, yo pongo a Jerusalem por vaso de temblor a todos los pueblos de alrededor cuando estén en el sitio contra Judá y contra Jerusalem”. (Zacarías 12:2).

No obstante han continuado los contratiempos entre estos dos pueblos. Para ser más exactos el día 28 de septiembre de 2000, Ariel Sharon líder del partido Likud, pisó la explanada de las mezquitas; originando nuevamente un conflicto bélico en el Medio Oriente por el cual el Primer Ministro Ehud Barak rompió los acuerdos de paz que tenía con los árabes a través de su líder Yasser Arafat. Y hasta la fecha ha causado cientos de muertes entre ambos pero más en el pueblo árabe.

Esta situación también provocó cambios en el gobierno; ya que el 6 de febrero del año 2001 fue electo Ariel Sharon como Primer Ministro de Israel. Y en su primer mensaje dejó ver sus objetivos para su pueblo (Israel).

“Ciudadanos de Israel, el gobierno bajo mi dirección actuará para restablecer la seguridad de los ciudadanos de Israel y para lograr la paz genuina y la estabilidad en la zona. El gobierno que me propongo establecer se esforzará por reafirmar y consolidar a Jerusalem reunificada la capital de Israel y la capital eterna del pueblo judío a la cual siempre proclamaremos nuestra fidelidad expresando: “Si me olvidare de ti, oh Jerusalem, pierda mi diestra su destreza y mi lengua se pegue a mi paladar, si de ti no me acordare. Si no enalteciere a Jerusalem como preferente asunto de mi alegría (Salmo 137:5-7)”.

Estas fueron las palabras del Primer Ministro Ariel Sharon, donde recurre a la Palabra de Dios para señalar la responsabilidad que como judío y primer ministro tiene para con su nación: Buscar el bienestar, guardar y proteger a su país, y procurar la paz.

No olvidemos que todos estos conflictos que han pasado, están pasando y seguirán pasando entre estos dos pueblos nos señalan imprescindiblemente la Venida del Señor Jesucristo. El cual vendrá a establecer la paz verdadera y el fin a este conflicto árabe-israelí.

Pero antes de que esto suceda, también dentro de la profecía o plan de Dios es necesario que en un momento dado todas las naciones vayan en contra del pueblo judío, como leemos en Ezequiel 38:1-9; “... Y subirás tú (Gog), vendrás como tempestad; como nublado para cubrir la tierra serás tú, y todas tus compañías, y muchos pueblos contigo”.

Con esta profecía entendemos que Israel pasará un gran conflicto ya que las naciones irán en contra de él para destruirlo; como Zacarías lo explica: ”Porque yo reuniré todas las gentes en batalla contra Jerusalem; y la ciudad será tomada, y saqueadas serán las casas, y forzadas las mujeres: y la mitad de la ciudad irá en cautiverio, mas el resto del pueblo no será talado de la ciudad” (capítulo 14:2).

Esto es lo que le espera a Israel, pero el día en que esto se cumpla Dios estará con ellos como lo ha hecho hasta ahora. Porque en ese día se espera la intervención del Señor: “Y Jehová bramará desde Sión, y dará su voz desde Jerusalem, y temblarán los cielos y la tierra: mas Jehová será la esperanza de su pueblo, y la fortaleza de los hijos de Israel” (Joel 3:16).

Por esto hoy, que el Señor nos ha permitido vivir en este tiempo y ver cumplidas varias profecías y otras que se irán cumpliendo concerniente al pueblo de Dios es nuestra responsabilidad seguir orando por este pueblo para que Dios les siga ayudando, cuidando y derramando sus bendiciones porque todo lo que les espera no es nada fácil.


Oremos por ellos.

“Pedid la paz de Jerusalem:
Sean prosperados los que te aman.
Haya paz en tu antemuro,
Y descanso en tus palacios.
Por amor de mis hermanos y mis compañeros
Hablaré ahora paz de ti”

Salmo 122:6-8

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